L a noche del 8 del tercer mes del octavo año después del cambio de siglo, los chicos volvieron a reunirse en akel mítico bar, como siempre, como tantas juntas, de las ke ya la cuenta habían perdido. Había tanto ke festejar cada vez, los motivos jamás faltaban para reunirse con los amigos, reirse, conversar, oir buena música, ke justamente, era la ke en algún momento de sus vidas los llevó a este lugar, y donde cada experiencia, cada historia, se mezcló entre esos muros, la barra y toda esa gente ke jamás volvaría a estar ausente.
E sta vez, la reunión tendría un matiz distinto, lleno de euforia, alegría y ansiedad, ké sueños locos, diría el flaco de la guitarra y la gorra. A las 22:00hrs., las 22 entradas, juntos a los 22 pasajes, eran entregados a los 22 ke el 9 de diciembre les había parecido poco. Estábamos ahí, ya con un pie dentro del recinto, el mismo ke se teñiría del rojo de la sangre araucana, el azul del cielo y el blanco de la imponente montaña, ke de osada manera nos habíamos atrevido a cruzar. Nuestro horizonte era llegar a destino y lo habríamos logrado. Sería nuestra primera gran hazaña fuera de nuestras tierra y debíamos celebrarlo.
D icen ke esa noche, entre banderas y carnaval (aunke no de Brasil), se alzaban las copas y las voces, brindando por salud, dinero y amor, al ritmo del cantante ke no dio tregua ni un segundo y donde el marinero y el capitán mantuvieron la compostura y dejaron bailar a la rubia loca y sola hasta el amanecer.
A ún cuando, en una mesa en la eskina del bar, discutían Victoria y Soledad por akel varón, nada empañaba el festejo; tampoco lo hizo el vigilante, sí ese mismo, el ke se las daba de medio argentino, ese ke nos kiso boicotear la fiesta enviado por algún canlla ke no compartía nuestro fervor.
E ran ya las 8 menos un cuarto de la matina, parecía ser ke la fiesta ya se terminaba, dijo el loco, medio con un par de copas de más en el espigado cuerpo. Fue entonces cuando el cardúmen - trasandino para ellos- emprendió el regreso a casa, por distintas corrientes de este mar de cemento, las mismas corrientes ke el tercer día, de la segunda semana, del tercer mes, del octavo año después del cambio de siglo, reuniría a los 22 en el mítico bar, para emprender juntos un nuevo rumbo... y esta vez no era el errado.






