Y fue cuando magdalena gritó con todas su fuerzas: no, no más por favor!!, y entonces cayó de rodillas sobre los adokines de la oscura calle, con las ropas desgarradas, la blusa entre-abierta y las piernas un poco más...se levantó con el rostro empapado en llanto y la sensación de ke ese tipo se había llevado lo poco ke le kedaba de dignidad.
Se sentó en la acera, a limpiarse la falda como pudo, la cara teñida de negro y las manos con el barro dejado por los zapatos de akel "señor" respetable de las 5 cuadras más abajo. Llegando a casa, se sumergió en el agua para poder kitarse lo sucia ke se sentía, aunke era la rutina de todas las noches, nunca había sido así.
Al día siguiente, como era común en la ciudad, nadie vió ni escuchó nada, a pesar ke la señora María esa noche barría el patio de su casa y el señor del Almacén de la eskina justamente a esa hora ponía el candado a la cortina del negocio, todos lo comentaron pero nadie hizo nada. Por ké me preguntas?, porke Magdalena era la puta del barrio, a la ke cuando pasaba le hacían el kite, le daban vuelta la cara y a los niños los cambiaban de lado, "cuidado mi amor, ella tiene peste, no te acerkes".
Con el rostro en alto, lleno de dolor pero sin ke nadie lo notara, Magdalena salió de su casa para la rutina de siempre, más digna ke cualkiera de esas -dícese- "señoras", amas de casa sometidas, ke en la mañana alistaban a los niños, daban desayuno al marido y por la tarde el amante las visitaba en la casa, en la cama, para hacer lo mismo ke ella hacía por trabajo; ke no es lo mismo? se decía, mientras caminaba por la misma calle, sin la misma luz, sin la misma blusa ni los mismos tacones, kebrados la noche anterior. Entonces tomó valor, cerró los ojos y tocó el timbre, akí vamos otra vez se dijo para sí, el tipo abrió la puerta, ella ya sabía lo ke debía hacer. Se sentó en el Berguer del despacho, esperó el trago de rutina, luego vendría una conversación ke seguiría con un beso in-deseable, la ropa y sexo otra vez. Se levantó de la cama, se vistió con normalidad y le dijo: "son 60 mil", el cogió la billetera, le extendió un cheke y ella se retiró, digna como siempre, pero con el cuerpo destrozado y el alma también.



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